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Miércoles, 30 de abril de 2008
Este artículo ha sido publicado en la revista Campanitas de la Hermandad del Cristo del Amor de Lucena y en él se hace referencia a algunos aspectos generales de las diversas hermandades y cofradías de Semana Santa de esta localidad cordobesa.
Se acerca la Semana Santa y pronto veremos desfilar por nuestras calles los distintos pasos procesionales y ante ellos, cada cual dará su opinión sobre si va mejor o peor adornada que el año pasado, sobre si los santeros han hecho bien o mal la salida o sobre cualquier otro asunto más o menos trascendente.
¿Pero no paramos a pensar muchas veces quien o quienes están detrás de todo esto?
Sin duda que son mucha las personas que organizan y participan en el desarrollo de la Semana Santa, y la mayoría de ellas forman parte de hermandades y cofradías, asociaciones religiosas que proyectan públicamente sus cultos y rituales procesionales, especialmente las de carácter penitencial reviviendo la pasión y muerte de Jesucristo, muchas de ellas con un gran arraigo popular y una larga andadura histórica. En principio pues, estas asociaciones tenían y tienen una base y unos fundamentos religiosos, pero vamos a ver que no sólo religiosos.
Las hermandades y cofradías, ya desde sus primeros tiempos se constituyeron además como vehículos privilegiados para crear y extender las relaciones interpersonales en la mayoría de las localidades andaluzas, pues no olvidemos que van a asumir también ciertas competencias en la realización de obras benéficas y asistenciales (obras pías), así como en la configuración de la jerarquización social y la visualización de la misma al tiempo que se constituyen como vehículo de comunicación entre el mundo seglar y la jerarquía eclesiástica e incluso con el poder político a través de la integración de las élites sociales en algunas de ellas.
Pero estas características propias de cofradías y hermandades, que para algunos no dejan de ser meras instituciones religiosas y residuales, cumplen y desarrollan hoy una multiplicidad de funciones sociales, no menos importantes que las propiamente religiosas. Y esto es así hasta tal punto que en muchos casos, hasta hace poco eran casi las únicas formas asociativas que existían en muchas pequeñas poblaciones andaluzas.
Pero además podemos afirmar que la importancia de las hermandades y cofradías semanasanteras se ha ido acrecentando con el paso del tiempo, pese a los avances de la sociedad moderna. Por ejemplo podemos ver como en Lucena, de las diecisiete cofradías y hermandades que hacen estación de penitencia en Semana Santa, nueve se han creado en la segunda mitad del siglo XX, y de éstas, cinco en las décadas de los años 80 y 90 de dicho siglo.
Por tanto, vemos que el número de asociaciones de este tipo sigue creciendo al tiempo que ve aumentar la participación masiva en las mismas mediante su identificación con ellas y no sólo como meros socios inscritos, participando en las actividades festivo-ceremoniales que organizan y protagonizan personas y grupos de todos los sectores y ámbitos sociales, significación que se manifiesta en el gran interés que presenta el formar parte de las juntas directivas, y hoy quizá más que hace unas décadas, entre los miembros de los grupos económica y socialmente dominantes, tanto tradicionales como emergentes.
Como elementos sociales que son, las cofradías y hermandades, según lugares, adoptan formas distintas del tipo “corporaciones, cuadrillas, cuarteles, etc., con características que las hacen diferentes, enriqueciendo así las formas asociativas vinculadas con los rituales festivos, conformando a estas hermandades y cofradías como claros vehículos de sociabilidad más o menos generalizados.
Y efectivamente, el funcionamiento y organización de este tipo de asociaciones muestra importantes diferencias en función de los lugares y de las tradiciones locales más o menos arraigadas a lo largo del tiempo, pese a tener una base común de carácter religioso, como ya hemos visto.
En Lucena nos encontramos con distintos tipos de cofradías y hermandades de Semana Santa, algunas de ellas con una larga andadura histórica como las archicofradías de Nuestro Padre Jesús Nazareno o la del Carmen las cuales gozan un gran arraigo popular, hasta el punto que podemos afirmar que forman parte de la identidad lucentina, tanto por su riqueza patrimonial propia como por los aspectos puramente socioreligiosos. Son estas cofradías donde la división social es más clara, situándose a la cabeza de una jerarquía, no escrita, pero si más o menos comúnmente aceptada.
Muchas de las cofradías y hermandades lucentinas están vinculadas socialmente a sus barrios y parroquias como puede ser el caso de la cofradía de Nuestro Padre Jesús del valle o la hermandad de Jesús amarrado a la Columna, en las que muchas veces el fervor popular desborda los límites de sus calles o parroquias.
Pero sin duda las más activas son las cofradías de creación más reciente, las cuales, poco a poco van encontrando su sitio en la Semana Santa lucentina, a base del tesón y el esfuerzo de sus asociados que pese a contar en muchas ocasiones con un patrimonio y una tradición menor están sabiendo llegar a la población, siendo asumidas y aceptadas por ésta como algo propio.
Pero no debemos engañarnos, en la Semana Santa cada vez van ganando más peso los aspectos lúdicos y festivos frente a los puramente religiosos y asistenciales, por lo que no es raro que en los últimos años vengamos oyendo quejas desde distintos sectores de la sociedad lucentina en relación con esta pérdida de valores tradicionales que en su origen conformaban la razón de ser de hermandades y cofradías.
A ello se une el papel secundario y subordinado de las mujeres en todo lo que respecta a la organización y desarrollo de las cofradías, algo que en otras localidades se va superando, pero que en la nuestra es todavía una realidad a estas alturas del siglo XXI.
Por todo esto, consideramos que sería necesario alcanzar un cierto equilibrio entre los valores y elementos tradicionales de las hermandades y cofradías, y su necesaria adaptación a los tiempos que corren pues ello sin duda no sólo supondrá una garantía de supervivencia de cara al futuro de estas asociaciones tan arraigadas en nuestra sociedad, sino que la Semana Santa lucentina seguirá ganando en esplendor y apoyo social, independientemente del grado de religiosidad que cada uno quiera otorgarle.
Por: Conrado Castilla Rubio | General | Comentarios (0) | Referencias (0)