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Lunes, 19 de noviembre de 2007
Actualmente se ha convertido en una imagen habitual ver a los abuelos llevar a sus nietos al colegio o al parque, y ello me ha hecho reflexionar sobre lo mucho que ha cambiado la vida desde que yo iba al colegio con mis hermanos y amigos ya que nuestros padres no podían acompañarnos en la mayoría de los casos porque su trabajo se lo impedía, igual que ocurre hoy día.
Y es que la sociedad ha cambiado mucho, tanto el horario de trabajo como el escolar es también distinto, como diferente es la educación que los niños y jóvenes reciben en las escuelas e institutos y el valor que se le da a esa educación.
No voy ahora a hablar de las distintas leyes que se han ido sucediendo en relación con la educación que nos están llevando a una situación que a veces roza lo ridículo, sino del papel que en la revalorización de la educación debemos jugar todos como ciudadanos, pues es a nosotros, los adultos, a quienes nos corresponde, como padres y como profesores, formar a los ciudadanos del futuro.
Las oportunidades de formación con que cuentan hoy los niños y jóvenes son numerosas, pero sin embargo vemos como muchas veces no son aprovechadas como se debería. Las numerosas actividades que la sociedad de hoy les ofrece hace que se cuestione en ocasiones la utilidad de la educación, pues no han sido pocas las ocasiones en que algunos alumnos nos han plantado cara diciendo que para que sirve ir a perder el tiempo al instituto, si lo que quieren es trabajar, tener su sueldecito para sus cosas sin tener que dedicarle buena parte de su tiempo a ir a clase, estudiar para los exámenes, hacer las actividades, etc.
Esta situación en muchas ocasiones son toleradas, e incluso alentadas por los propios padres, con comentarios y posiciones que les hacen incapaces de valorar la educación como instrumento para el desarrollo de la vida y para la realización personal de sus propios hijos.
Quizá podríamos pensar que en la actualidad nuestros jóvenes y niños se encuentran con una vida demasiado fácil, donde el esfuerzo por salir adelante no va con ellos, para eso están ya los padres que le sacan muchas veces las castañas del fuego, no siendo conscientes unos y otros de que cuando se sale de la tutela familiar la vida es mucho más dura de lo que parece, con una gran competencia a la hora de encontrar un trabajo digno, acorde con su formación y con sus posibilidades.
Hay que reconocer que esta visión es sin duda bastante simplista, aunque más generalizada de lo que sería necesario, si tenemos en cuenta que cada año miles de jóvenes se examinan de la selectividad o realizan pruebas para el ingreso en los ciclos formativos, o simplemente se preparan de una manera u otra para incorporarse a la vida laboral y lo hacen no sin esfuerzo, pues sacar unas notas suficientemente buenas para poder optar a una plaza en la carrera que les gusta, por ejemplo, no es tan fácil. O competir a la hora de encontrar un trabajo o una beca para el extranjero, con otras personas tan preparadas o más que uno pues tampoco es tarea baladí.
Las generaciones anteriores, bien por su falta de medios, bien porque no había la misma oportunidad para todos, no han tenido las mismas posibilidades de acceder a una buena formación académica (salvo excepciones). Se habla de que nuestros jóvenes son los mejor formados de nuestra historia, y sin embargo muchas veces se les tacha de vagos, de parásitos, de vivir de papá y mamá, cuando la realidad es que muchos de ellos intentan buscarse la vida como pueden, una vez que terminan su formación, sea a los 16 años, sea a los veintitantos, teniéndose que enfrentar a una vida que es cara y les impide por ejemplo acceder a una casa donde vivir solos o en pareja, pues los sueldos no se corresponden muchas veces con las necesidades que la sociedad les plantea y les exige.
Quizá muchos de los abuelos que llevan a sus nietos al colegio o que cuidan de ellos mientras sus padres están en el trabajo, se planteen qué futuro les espera a estos niños. Quizá sean optimistas si vuelven su mirada hacia atrás, cuando ellos eran más jóvenes y tenían el mundo en sus manos, o cuando sus propios hijos, -los padres de esos niños que ahora están a su cuidado- eran pequeños pero sin las oportunidades que la sociedad les ofrece hoy. Pero quizá también tengan su poso de pesimismo ante lo que les pueda surgir en el futuro a esos niños que ahora llevan de su mano, o ante la rapidez con que gira la vida actualmente que parece que nos sobrepasa.
No obstante, a buen seguro que la mayoría de esos niños de hoy serán capaces de adaptarse a la vida que les toque vivir, igual que hicieron sus abuelos y sus padres, y sin duda para desarrollar esa capacidad de adaptación el mejor instrumento es una buena formación que les sirva para ampliar sus horizontes, ser más tolerantes y en definitiva hacerles ciudadanos más libres, pues si la libertad se caracteriza por la posibilidad de elegir, en la medida que una persona esté mejor preparada, mejor podrá discernir entre lo que le pueda interesar o no para desarrollarse social y profesionalmente, lo que en definitiva les llevará hacia una vida mejor.
Por: Conrado Castilla Rubio | General | Comentarios (0) | Referencias (0)