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Sábado, 17 de noviembre de 2007

ALGO SOBRE INMIGRACIÓN O MIEDO AL DIFERENTE.

ALGO SOBRE INMIGRACIÓN O MIEDO AL DIFERENTE.

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española se define como inmigrante a aquel que inmigra, esto es que se desplaza de su lugar de origen para establecerse en otro. Las causas de ese desplazamiento son varias pero en la inmensa mayoría de los casos se debe a la necesidad de buscar una vida mejor, huyendo de la miseria que sufren en sus países.

Andalucía, y por supuesto Lucena, hasta hace poco más de una década era tierra de emigrantes, (¿quién no tiene algún pariente fuera?). Hoy la situación ha cambiado mucho y nuestra tierra se ha convertido en una tierra de inmigración y es bastante común ver por la calle a numerosas personas extranjeras que de forma paulatina se han ido estableciendo aquí.

Todos los días en la prensa vemos y oímos algo relacionado con este asunto, cuando no es la llegada de pateras es que se ha detenido o multado a algún empresario por contratar de forma ilegal a inmigrantes sin papeles. En definitiva que el tema se ha ido colando en nuestra vida diaria de forma que este “fenómeno” está ahí y no debemos cerrar los ojos ante él.

Pero claro, cuando se pasa en relativamente poco tiempo de una situación a otra surgen dudas, recelos e incluso a veces (desgraciadamente cada vez con más frecuencia) reacciones de rechazo, unas veces sordas y calladas (cuando se va alquilar una casa se pregunta si es usted español por ejemplo y según la respuesta así se actúa por el arrendador), otras se convierten en clamor, resultando situaciones de tensión e incluso miedo.

En los últimos tiempos me ha tocado oír algunas cosas que me han desagradado especialmente como “odio a todos los moros”, o “los inmigrantes vienen a quitarnos el trabajo”. Pues bien, estos y otros comentarios los he oído de boca de jóvenes alumnos míos que evidentemente mostraban las ideas que comparten otros muchos. Veamos. Cuando un chico de 15 años dijo delante de sus compañeros odiar a esas personas inmediatamente pregunté por qué, la respuesta fue muy sencilla “no lo sé”. Evidentemente desconocía prácticamente todo sobre esas personas a las que decía odiar.

En lo que respecta a la segunda afirmación, también fue desmontada con facilidad y lo que es peor mostró una situación de explotación bastante común en Lucena. El chico en cuestión, en este caso de 18 años y empleado en una carpintería mostró su convencimiento de que los inmigrantes venían a quitarnos el trabajo. Una compañera le preguntó porqué si en realidad hacían los trabajos que no queremos nosotros, y según él efectivamente eso era así, pero que el problema era que trabajaban por menos dinero y por ello los españoles se veían obligados a trabajar más horas o se les echaba. Ante eso se planteaba otra cuestión: ¿el problema procedían de los inmigrantes o de las personas que les contrataban? La respuesta está bastante clara. Aun así, como insistiera en su rechazo, le pregunté ¿yo le estoy quitando el trabajo a alguien, por qué yo soy un inmigrante? Su respuesta fue rotunda: “usted no lo es”. ¿Por qué yo no? Insistí, si yo mismo no soy de aquí. “Si pero usted es como nosotros”.

Aquí surgió creo yo el verdadero quid de la cuestión, lo que realmente tenemos es el miedo al diferente, a aquel que tiene unas formas de vida, una lengua o una raza diferente a la nuestra, y que para colmo suele ser más pobre que nosotros.

No nos quejamos de los ricos, sino de los pobres. Si en el Llano de las Tinajerías en vez de quererse establecer un lugar donde los inmigrantes puedan ducharse y lavar su ropa se quisiera construir una mansión para un rico extranjero probablemente la reacción de los vecinos hubiese sido bastante diferente.

Bien es verdad que afortunadamente no han surgido excesivos brotes racistas en nuestra población (pintadas, algunos gritos, etc.) pero desgraciadamente, poco a poco va calando en la población en general unos ciertos comportamientos de tipo xenófobo al que no debemos perder de vista: se generaliza la identificación de inmigrante igual a delincuente, se le niega el acceso a una vivienda o se les cobra alquileres desorbitados por el hecho de ser forastero. O simplemente se les ignora, pues ahora que vivimos en un país rico, el pobre que busca una vida mejor entre nosotros hay que tratarlos como si fueran de segunda clase. Claro que el dinero con el que compran en nuestras tiendas, los impuestos que pagan si que valen (y cómo).

Cierto es que de entre las inmigrantes hay también mala gente que delinque o no quiere trabajar, pero por ahora que sepamos es una minoría. Hay otros muchos que están de forma ilegal en nuestra tierra, pero el problema de su “ilegalidad” generalmente procede de otros, que le cortan el paso para legalizar su situación y los condena a la marginalidad.

Afortunadamente también en Lucena encontramos personas y colectivos que con amplitud de miras ayuda y se solidariza con estas personas que por avatares de la vida han decidido instalarse en Lucena, ayudándoles a integrarse en una sociedad que yo espero que sea lo suficientemente tolerante como para acoger a esas gentes aunque sean diferentes y más pobres.

Por: Conrado Castilla Rubio | General | Comentarios (0) | Referencias (0)

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